El año cierra con un nuevo diagnóstico del sector editorial

Nuevo contexto. Abrieron las importaciones. Subieron los precios. Cambió el consumo. Cómo afecta esto a las pequeñas editoriales.

El cambio de gobierno trajo consigo medidas económicas que impactaron en el sector productivo de la Argentina. El mundo editorial no fue la excepción. Las editoriales independientes, menos. Con las cooperativas como estrategia para hacerle frente a los grandes grupos, la industria del libro afronta una etapa de cambios, desafíos y realidades de las que nadie está a salvo.

“Vamos a ver qué ocurre. Sabemos que lo que han llamado el sinceramiento de la economía ha provocado una situación difícil. Nosotros ya enfrentamos esto; en 42 años no es la primera vez que ocurre, y en general la Feria ha sorteado esas situaciones”, comentó el director de la Fundación el Libro, Ángel ‘Oche’ Califa.

editorialesSegún el diagnóstico del sector editorial de 2016 realizado por la Dirección de Industrias Creativas de la Subsecretaría de Economía, el campo editorial argentino está compuesto por dos grandes grupos: un sector pyme y otro grupo de editoriales, conformado por grandes grupos internacionales.

Estas dos caras de la industria del libro en la Argentina se agrupan en la Cámara Argentina del Libro (CAL), conformada por 500 pequeñas y medianas editoriales, y en la Cámara Argentina de Publicaciones (CAP). Sin embargo, no son las únicas. También existe un grupo de pequeñas micro editoriales que no forma parte de ninguna de las dos cámaras.

“El término  independiente en nuestro país es bastante relativo ya que, salvo las empresas multinacionales, casi todas agrupadas en la Cámara de Publicaciones, casi  todo el sector editorial argentino podría denominarse como independiente conformado por pymes de diferente tamaño y antigüedad en el mercado”, detalló el director comercial de la Fundación El Libro, Jorge Gutiérrez Brianza.

Brianza aclaró, sin embargo, que “se ha instalado el término independiente para definir un perfil editorial determinado vinculado en general con la literatura, que son sellos nacidos a partir de la crisis 2001 principalmente y que han generado un catálogo de características determinadas”.

“Se ha instalado el término independiente para definir un perfil editorial determinado vinculado en general con la literatura, que son sellos nacidos a partir de la crisis 2001” – Jorge Gutiérrez Brianza.

Tal es el caso de las que conforman La Coop, un grupo de editoriales independientes que desarrollan acciones en conjunto con el objetivo de ganar visibilidad y buscar amortizar los costos de distribución e impresión.

La Coop está integrada por doce editoriales que intentan posicionarse en el mercado gracias al esfuerzo mancomunado de sus propios editores, quienes se encargan no sólo de la edición, la corrección y las largas lecturas que obligan llevar adelante una iniciativa de este tipo, sino que, además, proyectan las ventas, organizan su propia distribución y recorren la mayor cantidad de ferias que se realizan a lo largo y a lo ancho de la Argentina.

ferias-del-libroEl informe de la Subsecretaría de Economía evidencia una concentración de la industria en grupos editoriales extranjeros que, según las cifras de ISBN, el 30 por ciento de los ejemplares editados en la Argentina en 2015 pertenece sólo a dos enormes grupos editoriales: Penguin Random House y Planeta.

El director comercial de la editorial Corregidor, Juan Pampín, aseguró que los grandes grupos editoriales “son una industria mucho más poderosa” y señaló que “para ellos el mercado latinoamericano es un mercado subyacente”.

“Entonces, hacían 50 mil ejemplares, le sobraban 20 mil, y con esos 30 mil vendidos habían sacado la guita que tenían que sacar. Si una editorial argentina está tirando en promedio dos o tres mil ejemplares, te vienen con 10 mil libros de un material que es rezago”, relató Pampín en referencia al “modus operandi” de las empresas editoriales internacionales.

Esta no es la única concentración existente en el campo de los libros. El aspecto geográfico también entra en juego, ya que se ve reflejada una marcada centralización en la ciudad de Buenos Aires, que reúne el 31 por ciento de las librerías; el 53,2 por ciento de las editoriales; el 67,3 por ciento de los títulos y el 84 por ciento de los ejemplares impresos. Cifras rotundas si se tiene en cuenta la perspectiva de las editoriales independientes.

“Las librerías compran material más barato para defender sus negocios y protegerse a su manera” – Juan Pampín

“Hoy en día está todo muy amontonado en Capital. Me gustaría que se pueda trabajar codo a codo con editoriales de Tucumán, Mendoza o Jujuy, para que haya un intercambio recíproco: que ellos lleven mis libros y yo los suyos. Si nos preguntamos qué tipo de literatura leen en San Juan, no sabemos. Sabemos qué se lee acá, en Córdoba y en Rosario, pero no en el norte o en la Patagonia. Por eso queremos interconectarnos con otras partes del país”, indicó el editor de Alto Pogo y La Coop, Marcos Almada.

editoriales-2Pero uno de los factores que más preocupa al sector editorial argentino es el de las importaciones, que en 2016 aumentó un 60 por ciento respecto a las de 2015, a partir de la apertura de las importaciones, a pesar de que se trate de números recientes, por los cambios económicos surgidos a partir de comienzos de 2016, la tendencia es clara.

El aumento incluye a las importaciones industriales e importaciones comerciales, cuyos derechos de edición son propiedad de editores extranjeros.

Almada consideró la apertura de importaciones como “un desafío con obstáculos” y señaló que “esto no tiene que asustar” a las editoriales independientes, sino que “hay que seguir y evaluar si la economía los beneficia o los hunde”.

“Lo que puede llegar a repercutir en editoriales como nosotros son las traducciones. Con la apertura va a ser más barato traer los libros publicados afuera. La preocupación va a estar en los costos. Las imprentas no van a bajarlos. Si apuntás a hacer competitivo el mercado con esa mano mágica, pero al mismo tiempo hundís a las pymes o a sectores que se van a ver complicados, esta decisión va a ser imperfecta”, opinó el referente de La Coop.

“Hoy en día está todo muy amontonado en Capital” – Marcos Almada

Pampín, por su parte, señaló que lo que más le molesta “es la invasión de saldos españoles y mexicanos, que no compiten con el contenido en sí pero sí desde el posicionamiento y de la ocupación del espacio” y cuestionó que “las librerías compran material más barato para defender sus negocios y protegerse a su manera”.

En tanto, las exportaciones siguen en una tendencia descendiente por ser el libro argentino poco competitivo frente a otros mercados hispanoamericanos, influenciado por la política cambiara del periodo de 2012 a 2015, en el que la suma de dinero obtenido de este tipo de transacciones bajó de 43 millones a 27 millones de dólares.

Los libros argentinos pasaron a tener un precio alto comparado con otros similares de los países productores del mundo hispanohablante. El primer semestre de 2016, por su parte, mostró una caída del 10 por ciento de las exportaciones respecto al mismo periodo del año anterior.

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Otro aspecto a destacar es que varios países latinoamericanos presentan en la actualidad una serie de leyes y fomentos a su industria editorial local, tanto en términos impositivos como en cuanto a medidas de promoción de exportaciones, que los ubican en un plano de ventaja competitiva. Por ejemplo, la ley del libro en Colombia que contiene incentivos del tipo fiscal para los editores como la exclusión del IVA, la supresión total del impuesto a la ganancia y un incentivo arancelario en la importación e insumos para los impresores.

En la Argentina, como desventaja, la actividad editorial si afronta el pago del IVA en sus insumos y en la locación, que se agregan al precio final del libro. Los costos que tienen mayor impacto para el sector son el IVA papel –entre las editoriales- y el IVA alquiler –entre los libreros-.

Los índices de ventas en el mercado interno, que abarca el 73 por ciento del total, revelan un estancamiento en los últimos seis años, pero con un aumento de precios debido a una economía con una inflación creciente. Según datos oficiales, de 2010 a 2015 las ventas de libros subieron sólo 114 millones de pesos.

“Para probar si un libro va a funcionar o no, hacen 6 mil o 7 mil ejemplares, y esas cifras para una editorial chica son best seller”

“El cambio de gobierno afectó a un gran número de pymes argentinas. La recesión económica trajo un detrimento en las compras. No es una situación que nos sorprenda, pero no estamos en condiciones de arriesgarnos demasiado y tratamos de afinar la puntería. Ahora hacemos reediciones que es lo que más se venden”, detalló Pampín.

Ante el nuevo contexto social y económico de la Argentina, en el que el consumo bajó en la mayoría de los rubros, debido al aumento de precios y tarifas, los libreros acusaron una caída del 20 por ciento en ventas, por lo que esos números impactan en las editoriales. “En el país han cerrado varias librerías por la suba de precios y eso repercute en las ventas del editorial. Las librerías tienen un incremento en los servicios del 40 por ciento”, comentó el director comercial de Corregidor.

Para enfrentar esa situación, según explicó Pampín, “las editoriales chiquitas se especializan en diferentes nichos”, al tener una tirada menos cuantiosa. En cambio, en una escala diferente, los grandes grupos “para probar si un libro va a funcionar o no, hacen 6 mil o 7 mil ejemplares, y esas cifras para una editorial chica son best seller”.  

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En otro orden, la producción total de libros alcanzó un pico de 12.171 títulos publicados, de acuerdo con la CAL y, en cuanto a ejemplares, se llegó a 55 millones. A pesar de las idas y vueltas del mercado editorial, las cantidades se mantienen estables desde 2011, aunque la impresión de ejemplares aumentó un 10 por ciento, lo que demuestra que, con contextos desfavorables, la industria, igual, se reinventa y sigue en pie.

Más allá de las notables diferencias de presupuesto entre las editoriales, éstas pymes continúan en la lucha por la difusión de sus productos. De la mano del esfuerzo y una lectura correcta del contexto económico y social, buscan que la literatura ocupe un lugar destacado en las librerías para que los lectores encuentren una real variedad de libros en un mercado que se pone cada vez más difícil para la industria editorial local.

 

2 comentarios sobre “El año cierra con un nuevo diagnóstico del sector editorial

  1. Marcos, te felicito. Este es un excelente informe… ¡además de sobrecogedor! La situación actual del mercado editorial argentino se va pareciendo a la de los ’90, cuando ingresaba al país una ingente cantidad de títulos importados, a precio con los que los editores locales no podían competir y que, además, no solo ocupaban los estantes y vidrieras de las librerías, sino también los quioscos. Recuerdo muy bien las ediciones económicas de la española Salvat, encuadernadas con goma ya cristalizada, lo que hacía que las páginas se desprendiesen apenas abrías el libro. Sin embargo, la situación presente ofrece un aspecto más grave: basta con recorrer los catálogos de los grandes grupos editoriales que operan en nuestro país para ver cómo se va reduciendo más y más la edición y reedición de títulos correspondientes a lo que se tuvo que denominar “alta literatura” para diferenciarla de la “paraliteratura” –su caricatura- o aquello que directamente no puede ser considerado como relacionado de alguna manera con las letras. El criterio de asegurarse ventas y la obligación de tomar en cuenta los altos importes que demanda el lanzamiento de un título por parte de las grandes empresas del sector, con su costosa estructura, hace que estas se vuelquen prioritariamente a aquellos proyectos de edición que conllevan ciertas garantías de venta importante, en cuanto a número de ejemplares. Así, autores que ya tienen un mediano número de lectores no son garantía suficiente para la inversión empresaria y se ven desplazados por otros que ya demostraron su “éxito” o vienen avalados por altas cifras de venta en el exterior. Independientemente de la calidad de sus textos, los autores que no alcanzan a vender cierto número de ejemplares, en el mejor de los casos pasan a formar parte del catálogo de las pequeñas/medianas editoriales, cuya menor estructura y consiguiente menor inversión les permite obtener ganancia con lanzamientos que contemplan tiradas más reducidas. Sin embargo, un traspié para una editorial pequeña/mediana implica un riesgo mucho mayor que para un gran grupo editorial y, como es obvio, este panorama resulta extremadamente limitante para los nuevos autores, todavía no conocidos a nivel masivo (a la escala de lo que llamamos “masivo” en el acotado mercado editorial argentino). A ello se suma que los medios de comunicación destinan la mayor proporción de su espacio a la difusión de los productos generados por los grandes grupos editoriales, que son sus anunciantes, y ya tenemos así un panorama por demás desalentador para los autores nacionales, sean noveles o con trayectoria ya establecida. El incremento de todos estos factores señaladamente negativos para la cultura nacional –de la que los autores locales somos el factor nutriente- será previsiblemente nefasto en el corto y el mediano plazo, reforzado por una recesión visible en la suma de los sectores activos de la economía. Es cosa fundamental para editores, libreros, autores y lectores comprender la gravedad de la situación e informes como el tuyo, sumados a las precisiones brindadas por expertos como el reconocido Juan Pampín, colaboran para tener en claro dónde estamos y hacia dónde vamos. Gracias por informar con veracidad y con tanta precisión.
    Luis Benítez

    1. Gracias por tus generosas palabras, Luis. Es valioso el punto de vista de escritores que conocen bien el tema como vos. Es muy cierto e interesante todo lo que decís. Podría haber sido incluido en el informe perfectamente. ¡Saludos!

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